sábado, 12 de janeiro de 2013

Réquiem para Rafael

Lembro-me bem que Leonel Brizolla já dizia, na década de 1980, que as drogas seriam o grande flagelo do Rio de Janeiro. E ele acusava o governo federal de não patrulhar as fronteiras do estado, deixando a cidade estava ser invadida pelas drogas e armamentos. Discurso profético.

Quem vive encastelado em seus condomínios de luxo mal se dá conta das tragédias vividas pelas famílias mais pobres. O choque só acontece quando até eles acabam vítimas da violência - um subproduto do tráfico de entorpecentes.


Rafael, o menino de 10 anos, viciado em crack, que morreu atropelado esta semana na Avenida Brasil, retrata bem a degradação das famílias que são vítimas do descontrole do Estado. O pai era traficante, morto a tiros; a mãe, viciada em cocaína, vive jogada pelos cantos da favela onde mora.
 

No enterro do menino, numa tentativa de amenizar sua culpa, ela afirmou:
- Ele só fumava um baseado.
Triste...

segunda-feira, 31 de dezembro de 2012

VOCÊ TEM MEDO DE BARATA?


Cheguei ainda agora na cozinha e lá estava ela – morta. Meus gatinhos heróis me defenderam. Peguei-a com um plástico e a joguei no lixo.
Não tenho medo de baratas. Aliás, sou uma mulher às avessas: detesto shoppings, não gosto de sapatos salto agulha – nunca os usei, nem quando jovem -, e nunca deixei nenhum homem me esperando, apesar de ter esperado alguns.
Mas voltando à barata, me parece que as pessoas concentram seus medos, suas inseguranças em alguma coisa. Por unanimidade, a maioria das mulheres que conheço escolheu a barata. Há homens que também têm medo delas. Recordo uma vez quando fui passar uns dias em Cabo Frio com uma pessoa que conheci durante uma das minhas viagens malucas. Era viril e nada prenunciava o que estava por vir. Passamos um dia maravilhoso na praia e, ao abrir a porta da casa, lá estava uma barata nos esperando. Meu galã e candidato a herói se apavorou, subiu no sofá e danou a gritar: “a cockroach!!!!!” Então fui eu que tive de perseguir a bichinha e amassá-la num canto da parede, sem aquele sapato de bico fino que era tão bom pra isso. Claro que meu encantamento, meu interesse foi para o espaço. Coisas da vida.
Mas o que eu quero mesmo dizer é que descobrir o que deixa você insegura e o que lhe dá medo é um grande passo para deixar de ter medo de baratas. Grande parte das pessoas que conheço vive no futuro e sente, com razão, medo e insegurança. Sim, o futuro é mesmo assustador.
Foi necessário um caminhão para me fazer entender que viver o presente em harmonia e felicidade é o melhor presente que podemos dar a nós mesmos. Eu luto diariamente por isso.
E, para viver uma vida em toda a sua plenitude, é preciso ter muita coragem.
Coragem é o que também desejo a você. Talvez nem tanta quanto a do Dalai Lama e do Gorbatchev - pessoas que mudaram o mundo. Quem sabe uma coragenzinha? Feliz 2013!!!!!

domingo, 28 de outubro de 2012

UMA LINDA HISTÓRIA DE AMOR


LA VIEJA ATORRANTA

Hace muchos años, cuando era psicólogo muy joven, trabajé en algunos geriátricos. (...) Muchos de ustedes trabajarán o habrán trabajado en alguna institución, y sabrán que lo que tiene que hacer todo el que trabaja en un establecimiento al ingresar es ir a la cocina, porque la cocinera es la que está al tanto de todo lo que pasa.Más que los médicos incluso.
Llegué, entonces, una mañana, me dirigí a la cocina y, como era habitual, le pregunté a la cocinera.-¿Y, Betty, alguna novedad? -Sí, doctor- me llamó así aunque soy licenciado-. ¿Ya vio a la vieja atorranta?
-No - le dije asombrado-. ¿Entró una abuela nueva?
-Sí, una viejita picarona.
Me quedé tomando unos mates con ella y no volví a tocar el tema hasta que entró la enfermera y me dijo:-Gaby, ¿ya viste a la atorranta?-No -le respondí.-Tenés que verla. Se llama Ana.
Lo primero que me llamó la atención fue que utilizara, para referirse a ella, el mismo término que había usado la cocinera: atorranta. Pero lo cierto es que habían conseguido despertar mi interés por conocerla. De modo que hice mi recorrida habitual por el geriátrico y dejé para el final la visita a la habitación en la que estaba Ana. En esa hora yo me había estado preguntando de dónde vendría el mote de vieja atorranta. Supuse que, seguramente, debía ser una mujer que cuando joven habría trabajado en un cabaret, o que tendría alguna historia picaresca. Pero no era así. Cuando entré en su habitación me encontré con una abuela que estaba muy deprimida y que casi no podía hablar a causa de la tristeza. Su imagen no podía estar más lejos de la de una vieja atorranta. Me acerqué a ella, me presenté y le pregunté: -Abuela, ¿qué le pasa? Pero ella no quiso hablar demasiado; apenas si me respondió algunas preguntas por una cuestión de educación. Pero un analista sabe que esto puede ser así, que a veces es necesario tiempo para establecer el vínculo que el paciente necesita para poder hablar. Y me dispuse a darle ese tiempo.
De modo que la visitaba cada vez que iba y me quedaba en silencio a su lado. A veces le canturreaba algún tango. Y, allá como a la séptima u octava de mis visitas la abuela habló: -Doctor, yo le voy a contar mi historia. Y me contó que ella se había casado, como se acostumbraba en su época, siendo muy jovencita, a los 16 años con un hombre que le llevaba cinco. Yo la escuchaba con profunda atención. -¿Sabe? -me miró como avisándome que iba a hacerme una confesión-, yo me casé con el único hombre que quise en mi vida, con el único hombre que deseé en mi vida, con el único hombre que me tocó en mi vida y es el hombre al que amo y con el que quiero estar. Me contó que su esposo estaba vivo, que ella tenía ochenta y seis años y él noventa y uno y que, como estaban muy grandes, a la familia le pareció que era un riesgo que estuvieran solos y entonces decidieron internarlos en un
geriátrico. Pero como no encontraron cupo en un hogar mixto, la internaron a ella en el que yo trabajaba, y a él en otro. Ella en provincia y él en Capital. Es decir que, después de setenta años
de estar juntos los habían separado. Lo que no habían podido hacer ni los celos, ni la infidelidad, ni la violencia, lo había hecho la familia. Y ese viejito, con sus noventa y un años, todos los días se
hacía llevar por un pariente, un amigo o un remisse en el horario de visita, para ver a su mujer. Yo los veía agarraditos de la mano, en la sala de estar o en el jardín, mientras él le acariciaba la cabeza y la miraba. Y cuando se tenían que separar, la escena era desgarradora.
¿Y de dónde venía el apodo de vieja atorranta? Venía del hecho de que, como el esposo iba todos los días a verla, ella le había pedido autorización a las autoridades del geriátrico para ver si, al menos una o dos veces por semana, los dejaban dormir la siesta juntos. Y entonces, ellos dijeron: -Ah, bueno... mirá vos la vieja atorranta.
Cuando la abuela me contó esto, estaba muy angustiada y un poco avergonzada. Pero lo que más me conmovió fue cuando me dijo, agachando la cabeza:-Doctor, ¿qué vamos a hacer de malo a esta edad? Yo lo único que quiero es volver a poner la cabeza en el hombro de mi viejito y que me acaricie el pelo y la espalda, como hizo siempre. ¿Qué miedo tienen? Si ya no podemos hacer nada de malo. Conteniendo la emoción, le apreté la mano y le pedí que me mirara. Y entonces le dije:-Ana, lo que usted quiere es hacer el amor con su esposo. Y no me venga con eso de que ¿qué van a hacer de malo? Porque es maravilloso que usted, setenta años después, siga teniendo las mismas ganas de besar a ese hombre, de tocarlo, de acostarse con él y que él también la desee a usted de esa manera. Y esas caricias, y su cara sobre la piel de sus hombros, es el modo que encontraron de seguir haciéndolo a esta edad. Pero déjeme decirle algo, Ana: ése es su derecho, hágalo valer. Pida, insista, moleste hasta conseguirlo. Y la abuela molestó.
Recuerdo que el director del geriátrico me llamó a su oficina para preguntarme: -¿Qué le dijiste a la vieja?-Nada- le dije haciéndome el desentendido- ¿Por qué? La cuestión fue que con la asistente social del hogar en el que estaba su esposo, nos propusimos encontrar un geriátrico mixto para que estuvieran juntos. Corríamos contra reloj y lo sabíamos. Tardamos cuatro meses en encontrar uno. Sé que, dicho así, parece poco tiempo. Pero cuatro meses cuando alguien tiene más de noventa años, podía ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Además ella estaba cada vez más deprimida y yo tenía mucho miedo de que no llegara. Pero llegó. Y el día en el que se iba de nuestro geriátrico fui muy temprano para saludarla, y e cuanto llegué, la cocinera me salió al cruce y me dijo: -No sabés. Desde las seis de la mañana que la vieja está con la valija lista al lado de la puerta. -Yo me reí. Entonces fui a verla y le dije: -Anita, se me va. Y ella me miró emocionada y me respondió: -Sí doctor... Me vuelvo a vivir con mi viejito. -Y se echó en mis brazos llorando.-Ana- le dije- Nunca me voy a olvidar de usted. Y como habrán visto, no le mentí.
Jamás me olvidé de ella, porque aprendí a quererla y respetarla por su lucha, por la valentía con la que defendió su deseo y porque gracias a esa vieja atorranta, pude comprobar que todo lo que había estudiado y en lo que creía, era cierto: que es verdad que la sexualidad nos acompaña hasta el último día y que se puede pelear por lo que se quiere aunque se deje la vida en el intento. Y además, porque la abuela me dejó la sensación de que, a pesar de todas las dificultades, cuando alguien quiere sanamente y sus sentimientos son nobles, puede ser que enamorarse sea realmente algo maravilloso y que el amor y el deseo puedan caminar juntos para siempre.
Dejemos el prejuicio y la crítica...seamos tolerantes

( del libro "Encuentros" de Gabriel Rolón)

sexta-feira, 19 de outubro de 2012

PAZ NA TERRA AOS HOMENS


(O texto não é meu e não tenho certeza da autoria, mas gostei e reproduzo aqui)

A paz no mundo começa dentro de mim
quando eu me aceito, de corpo e alma,
e reconheço meus defeitos, com paciência e calma,
e em vez de me fragmentar em mil pedaços
eu me coloco inteiro no que penso, sinto e faço

passageiro no tempo e no espaço,
sem nada para levar que possa me prender
sem medo de errar e com toda vontade de aprender

A paz no mundo começa entre nós
quando eu aceito o teu modo de ser
sem me opor ou resistir
e reconheço tuas virtudes
sem te invejar ou me retrair,
e faço das nossas diferenças
a base da nossa convivência
e em lugar de te dividir em mil personagens
consigo ver-te inteiro, nu, real,
sem nenhuma maquiagem,
companheiros da mesma viagem
no processo de aprendizagem do que é ser gente
A paz no mundo começa
quando as palavras se calam
e os gestos se multiplicam
quando se reprime a vergonha
e se expressa a ternura
quando se repudia a doença
e se enaltece a cura
quando se combate a normalidade que virou loucura
e se estimula o delírio de melhorar a humanidade,
de construir uma outra sociedade,
com base numa outra relação,
em que amar é a regra, e não mais a exceção.
" FIQUEM NA PAZ DO NOSSO MARAVILHOSO DEUS

domingo, 14 de outubro de 2012

BEM-AVENTURANÇA

Vejo TV para me distrair da minha lucidez. Para não ver o que as pessoas não veem e que levei anos para ver. Eu quis ver. Hoje, me arrependo de ter "fuçado". Melhor não ver, melhor não saber. Mas aí ligo a TV e vejo o que não queria ver. Nem a TV me distrai. 

Tinha razão Jesus Cristo (em tudo, aliás): "Bem-aventurados os pobres de espírito, porque deles é o reino dos Céus."

BILL CLINTON

O 42o. presidente americano, William Jefferson "Bill" Clinton, deixou a presidência dos EUA, em 2001, em situação vantajosa. Foram 8 anos de crescimento e bem-estar. Clinton tem QI de gênio: 180 pontos. 
 
Mas tem (talvez ainda tenha) o que é considerado um defeito muito sério para os americanos: é mulherengo. E foi aí que a oposição atacou. O pessoal aqui do DEM e do PSDB se inspiram nos republicanos dos EUA. Com razão, porque eles são verdadeiros demônios em matéria de difamação e perseguição política. É isso que desanima no Brasil: eles copiam tudinho lá de fora. 
 
Num instante descobriram uma estagiária e liquidaram com a reputação daquele que foi um dos melhores filhos da América. O sujeito foi exposto à execração pública. E para quê, afinal? Para botar no maior cargo executivo do país o Forest Gump, cujo QI é exatamente a metade do QI de Clinton: 90 pontos. Foram 8 anos de fartura para os republicanos. 
 
E hoje, a gente vê na TV o povo, lá e cá sempre usado como massa de manobra, amargar uma recessão que parece não ter fim.

sábado, 13 de outubro de 2012

A NOITE DOS DESESPERADOS

Sou da geração que cresceu cheia de complexos em relação ao povo norte-americano. Éramos inferiores. 

Há mais de 10 anos, porém, essa situação mudou muito. Bastou botarem lá na Casa Branca o "Forest Gump" para ver o estrago que esse cara fez. Obama herdou um abacaxi. 

Agora, assistindo à TV, vejo coisas antes inimagináveis, como a moça de belíssima voz do "X Factor" que assume passar fome (como chorei) ou a banda de negros, todos desempregados (mais lágrimas). 

Os reality shows têm atraído gente desesperada e me faz lembrar daquele excelente filme "A Noite dos Desesperados" (They don't shoot horses, do they?, 1969), do inesquecível diretor Sidney Pollack. Para quem não viu, veja. A poderosa América está revivendo aqueles tempos difíceis da Grande Depressão, iniciada em 1929.

O CLIMA DO ANO

Há tempos venho notando que a natureza absorve nossos humores, mas isso é assunto pra outro post. Lembro que, em 2016, meu pé de amora fic...